A propósito del cumpleaños de Wuilker Fariñez…

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No suelo entablar amistad con jugadores, técnicos o directivos del fútbol venezolano. Mi trabajo no es ser amigo sino crítico y analítico cuando toca. De hecho, a diferencia de muchos, poco me importa si me siguen o no en redes sociales o si siguen mi trabajo. No trabajo para ellos sino para el público en general. Como citó en una oportunidad el gran Fernando Álvarez, “El periodista no trabaja para los jugadores, entrenadores o directivos. Trabaja para y por su público”.

Pero como toda regla tiene su excepción, el fútbol sí me ha regalado grandes amigos, entre ellos Rafael Dudamel, Jhonny Ferreira, el legendario Walter “Cata” Roque, Wuilker Fariñez, entre otros. Con Wuilker compartí un viaje espectacular que me hizo conocerlo más, admirarlo, quererlo y respetarlo. A propósito de su cumpleaños el día de hoy 15 de febrero, comparto una anécdota que me llenó como persona en su momento y que hoy día me sigue llenando de orgullo, satisfacción y emoción.

En agosto de 2010, mientras trabajaba como Jefe de Prensa de Talentos Franco Rizzi, viajamos a Barcelona, España, para participar en el “Torneig Futbol 7 Penyes FC Barcelona” con dos categorías. En una de ellas estaba Wuilker. De hecho, viajó con todos los gastos pagos. Su calidad, carisma y liderazgo lo hacían merecedor de tal beneficio. Recuerdo que en ese momento lo apodé “La Pantera” por su tez y sus reflejos felinos. El hecho de haber sido portero, de ver su calidad y de conocer con detalles sus orígenes me hicieron “adoptarlo” durante esta travesía. Fui su “padrino”, por llamarlo de algún modo.

Mientras los muchachos no estaban trabajando en una cancha, disfrutábamos del verano catalán con paseos por calles, malls y tiendas. Una de las tantas tiendas que visitamos fue “Decathlon”. Para los que no la conocen, es una tienda deportiva por departamento, de las más grandes e importantes de España. Recuerdo que caminaba junto a Wuilker por sus pasillos y ambos nos detuvimos en la sección de porteros para admirar y curiosear entre todos sus artículos. Nos sentíamos en el paraíso. Para ambos no era usual ver tantas opciones y menos viniendo de un país como el nuestro.

En un momento de distracción, vi que tomó unos guantes Reusch y se los probó. Con curiosidad me le acerqué y le pregunté: “¿Te quedan?. “Sí”, respondió tímidamente. Sin dudar ni un segundo le dije con emoción: “Agárralos. Yo te los regalo”. En principio dudó y no quería aceptármelos, pero tras insistir decidió quedarse con ellos.

Mientras caminábamos a la caja, me detuve por un segundo en la sección de literatura deportiva y tomé un libro que hablaba de fundamentos y entrenamientos para porteros. Se lo entregué diciéndole: “También te quiero regalar esto. Espero que lo leas y tomes nota de lo que hay en él”. Su sonrisa delataba emoción e incredulidad, tal vez por no entender cómo alguien, sin ningún vínculo directo, tenía esos detalles.

Al pagar jamás olvidaré que le dije: “Espero que lo aproveches. Eso sí: ¡cuándo seas el mejor, porque lo vas a ser, espero no te olvides de mí!”. Entre risas, y tras un abrazo de pura hermandad, abandonamos la tienda.

Lo he admirado desde ese día y la admiración sigue y seguirá. Pero no sólo lo admiro como futbolista, también como persona. Conozco sus orígenes y por esa razón es que lo admiro más como persona que como futbolista. Saber que no me equivoqué con él me genera mucha satisfacción. ¡Feliz cumpleaños, carajito! Eres y seguirás siendo el mejor.